Language of document : ECLI:EU:T:2017:632

Edición provisional

SENTENCIA DEL TRIBUNAL GENERAL (Sala Séptima)

de 20 de septiembre de 2017 (*) (1)

«Marca de la Unión Europea — Procedimiento de oposición — Solicitud de marca figurativa de la Unión BADTORO — Marcas figurativa y denominativa anteriores de la Unión TORO — Motivo de denegación relativo — Riesgo de confusión — Similitud entre los signos — Similitud entre los productos y servicios — Artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento (CE) n.º 207/2009 — Suspensión del procedimiento administrativo — Regla 20, apartado 7, letra c), del Reglamento (CE) n.º 2868/95»

En el asunto T‑386/15,

Jordi Nogues, S.L., con domicilio social en Barcelona, representada por las Sras. M.J. Sanmartín Sanmartín y E. López Parés, abogadas,

parte recurrente,

contra

Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), representada por el Sr. J. Crespo Carrillo, en calidad de agente,

parte recurrida,

y en el que la otra parte en el procedimiento ante la Sala de Recurso de la EUIPO, que actúa como parte coadyuvante ante el Tribunal, es:

Grupo Osborne, S.A., con domicilio social en El Puerto de Santa María (Cádiz), representada por el Sr. J.M. Iglesias Monravá, abogado,

que tiene por objeto un recurso interpuesto contra la resolución de la Segunda Sala de Recurso de la EUIPO de 17 de abril de 2015 (asunto R 2570/2013-2), relativa a un procedimiento de oposición entre Grupo Osborne y Jordi Nogues,

EL TRIBUNAL GENERAL (Sala Séptima),

integrado por el Sr. M. van der Woude, Presidente, y el Sr. I. Ulloa Rubio y la Sra. A. Marcoulli (Ponente), Jueces;

Secretario: Sr. J. Palacio González, administrador principal;

habiendo considerado el escrito de recurso presentado en la Secretaría del Tribunal el 10 de julio de 2015;

visto el escrito de contestación de la EUIPO presentado en la Secretaría del Tribunal el 30 de noviembre de 2015;

visto el escrito de contestación de la parte coadyuvante presentado en la Secretaría del Tribunal el 25 de noviembre de 2015;

celebrada la vista el 15 de diciembre de 2016;

visto el auto de 15 de febrero de 2017 de reapertura de la fase oral del procedimiento;

vistas la pregunta escrita formulada por el Tribunal a las partes el 16 de febrero de 2017 y las respuestas a esa pregunta presentadas en la Secretaría del Tribunal por la recurrente, la EUIPO y la parte coadyuvante, respectivamente, los días 6, 1 y 6 de marzo de 2017;

vista la decisión de 8 de marzo de 2017 de declarar terminada la fase oral del procedimiento;

dicta la siguiente

Sentencia

 Antecedentes del litigio

1        El 19 de junio de 2012, la recurrente, Jordi Nogues, S.L., presentó una solicitud de registro de marca de la Unión ante la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO), en virtud del Reglamento (CE) n.º 207/2009 del Consejo, de 26 de febrero de 2009, sobre la marca de la Unión Europea (DO 2009, L 78, p. 1).

2        La marca cuyo registro se solicitó es el signo figurativo siguiente:

Image not found

3        Los productos y servicios para los que se solicitó el registro pertenecen a las clases 30, 32 y 35 del Arreglo de Niza relativo a la Clasificación Internacional de Productos y Servicios para el Registro de las Marcas, de 15 de junio de 1957, en su versión revisada y modificada, y corresponden, respecto a cada una de estas clases, a las siguientes descripciones:

–        Clase 30: «Café, té, cacao y sucedáneos del café; arroz; tapioca y sagú; harinas y preparaciones a base de cereales; pan, productos de pastelería y confitería; helados; azúcar, miel, jarabe de melaza; levadura, polvos de hornear; sal; mostaza; vinagre, salsas (condimentos); especias; hielo».

–        Clase 32: «Cerveza; aguas minerales y gaseosas, y otras bebidas sin alcohol; bebidas de frutas y zumos de frutas; siropes y otras preparaciones para elaborar bebidas».

–        Clase 35: «Servicios de publicidad; importación; exportación; representaciones comerciales; venta en comercios y a través de redes mundiales informáticas de café, té, cacao y sucedáneos del café; arroz; tapioca y sagú; harinas y preparaciones a base de cereales; pan, productos de pastelería y confitería; helados; azúcar, miel, jarabe de melaza; levadura, polvos de hornear; sal; mostaza; vinagre, salsas (condimentos); especias; hielo; cerveza; aguas minerales y gaseosas, y otras bebidas sin alcohol; bebidas de frutas y zumos de frutas; siropes y otras preparaciones para elaborar bebidas».

4        La solicitud de marca de la Unión se publicó en el Boletín de Marcas Comunitarias n.º 133/2012, de 16 de julio de 2012.

5        El 15 de octubre de 2012, la coadyuvante, Grupo Osborne, S.A., formuló oposición, con arreglo al artículo 41 del Reglamento n.º 207/2009, contra el registro de la marca solicitada para los productos y servicios pertenecientes a las clases 32 y 35 antes mencionados.

6        La oposición se basaba en las siguientes marcas anteriores:

–        La marca figurativa anterior de la Unión reproducida a continuación, solicitada el 10 de febrero de 2000 y registrada el 5 de noviembre de 2009, con el número 1500917, para designar «cervezas» de la clase 32, «bebidas alcohólicas, exceptuando tanto los vinos como las cervezas», de la clase 33, «servicios de restauración (alimentación), incluyendo servicios de bar, snack-bar, restaurantes, cafeterías, cervecerías, cantinas y bodegas; provisión de alojamiento temporal», de la clase 42:

Image not found

–        La marca denominativa anterior de la Unión TORO, solicitada el 23 de septiembre de 1999 y registrada el 24 de abril de 2002, con el número 1319185, para designar «cervezas; aguas minerales y gaseosas y otras bebidas no alcohólicas; bebidas y zumos de frutas; siropes y otras preparaciones para hacer bebidas», de la clase 32, «bebidas alcohólicas, exceptuando tanto los vinos como las cervezas», de la clase 33, y «servicios de restauración (alimentación), incluyendo servicios de bar, snack-bar, restaurante, cafetería, cervecería, cantina y bodegas; servicios de hospedaje temporal», de la clase 42.

–        La marca denominativa anterior de la Unión TORO, solicitada el 23 de junio de 2000 y registrada el 3 de enero de 2007, con el número 1722362, para designar «servicios de publicidad; gestión de negocios comerciales; administración comercial; trabajos de oficina; venta al por menor de productos alimenticios y bebidas; ninguno de tales servicios y/o productos procedentes ni relacionados con los toros», de la clase 35.

–        La marca figurativa española anterior solicitada el 16 de marzo de 2010 y registrada el 22 de junio de 2010, con el número 2919417, para designar servicios de «venta al por menor, en establecimientos y a través de internet, de todo tipo de artículos» de la clase 35, reproducida a continuación:

Image not found

7        El motivo invocado en apoyo de la oposición era la existencia de un riesgo de confusión, conforme a lo dispuesto en el artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009.

8        El 13 de noviembre de 2013, la División de Oposición de la EUIPO estimó parcialmente la oposición, tras examinar, por motivos de economía procesal, el riesgo de confusión respecto a la marca figurativa anterior de la Unión n.º 1500917 registrada para designar productos de las clases 32, 33 y 42, y respecto a la marca denominativa anterior de la Unión n.º 1722362 registrada para designar servicios de la clase 35. En cambio, desestimó la oposición al registro de la marca solicitada en cuanto se refería a productos y servicios que no eran ni idénticos ni similares a los de las marcas anteriores, es decir, los servicios de importación y de exportación de la clase 35.

9        El 18 de diciembre de 2013, la recurrente interpuso recurso ante la EUIPO, en virtud de los artículos 58 a 64 del Reglamento n.º 207/2009, contra la resolución de la División de Oposición.

10      Mediante resolución de 17 de abril de 2015 (en lo sucesivo, «resolución impugnada»), la Segunda Sala de Recurso desestimó el recurso de la recurrente. En particular, dicha Sala denegó la solicitud de suspensión formulada por la recurrente debido a que la demanda reconvencional interpuesta con objeto de obtener la nulidad de marcas de la coadyuvante había sido desestimada por el Juzgado de lo Mercantil n.º 1 de Alicante, mediante sentencia firme. Además, limitando su examen, al igual que la División de Oposición, a las dos marcas anteriores n.º 1500917 y n.º 1722362, declaró que existía un riesgo de confusión, en el sentido del artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009. Esta conclusión se basaba en la similitud o identidad de los productos o servicios designados por las marcas en conflicto; en el carácter distintivo normal de las marcas anteriores, aun cuando diversas marcas españolas registradas contuvieran la palabra «toro»; en la importancia del elemento común «toro», que justificaba la existencia de una similitud fonética, conceptual y, en menor medida, visual; y en la falta, en cualquier caso, de coexistencia pacífica acreditada de los signos en conflicto en el mercado español.

 Pretensiones de las partes

11      La recurrente solicita al Tribunal que:

–        Anule la resolución impugnada.

–        Condene en costas a la EUIPO.

12      La EUIPO y la coadyuvante solicitan al Tribunal que:

–        Desestime el recurso.

–        Condene en costas a la recurrente.

 Fundamentos de Derecho

13      Cabe considerar que, en apoyo de su recurso, la recurrente invoca, en esencia, dos motivos. El primer motivo se basa en la ilegalidad de la denegación de la suspensión del procedimiento sustanciado ante la Sala de Recurso habida cuenta de la tramitación de un procedimiento nacional de nulidad de dos marcas de la coadyuvante. El segundo motivo se basa en la infracción del artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009.

14      Con carácter previo a la determinación de la existencia de un riesgo de confusión entre la marca solicitada y la marca anterior, debe examinarse si la Sala de Recurso cometió un error al no suspender el procedimiento sustanciado ante ella [sentencia de 25 de noviembre de 2014, Royalton Overseas/OAMI — S.C. Romarose Invest (KAISERHOFF), T‑556/12, no publicada, EU:T:2014:985, apartado 52]. Por esa razón, procede examinar en primer lugar el primer motivo.

 Sobre el primer motivo, basado en la ilegalidad de la denegación de la suspensión del procedimiento ante la Sala de Recurso

15      El primer motivo se divide en cuatro partes. En primer lugar, la recurrente aduce una infracción del artículo 75, primera frase, del Reglamento n.º 207/2009 por falta de motivación de la negativa a suspender el procedimiento. En segundo lugar, invoca la infracción del artículo 75, segunda frase, y del artículo 63, apartado 2, del Reglamento n.º 207/2009, así como la vulneración del principio de igualdad entre las partes en el litigio. En tercer lugar, alega la vulneración de los principios generales de seguridad jurídica, de buena administración y de igualdad de trato. En cuarto lugar, sostiene que la denegación de la solicitud de suspensión adolece de errores de hecho.

16      En este punto, procede señalar que la recurrente había solicitado, tanto ante la División de Oposición como ante la Sala de Recurso, la suspensión del procedimiento a la espera de la resolución que dictara el Juzgado de lo Mercantil n.º 1 de Alicante. Dicho Juzgado conocía, como Tribunal de Marcas de la Unión Europea, de una demanda reconvencional que solicitaba la nulidad de las marcas denominativas anteriores de la Unión TORO, registradas en beneficio de la coadyuvante con los números 2844264 y 1722362. Dicha demanda reconvencional había sido interpuesta por la recurrente a raíz del recurso presentado por la coadyuvante para obtener la anulación de la marca denominativa española BADTORO, registrada con el número 2782026 para designar productos y servicios comprendidos en las clases 25 y 35.

17      A este respecto, procede observar que la demanda reconvencional de anulación formulada por la recurrente no se refería a ninguna de las marcas anteriores que la coadyuvante invocó en su oposición a la solicitud de registro de la marca controvertida para los productos de la clase 32. Por tanto, ese procedimiento nacional no incidía en modo alguno en el examen de la oposición formulada por la coadyuvante frente al registro de la marca solicitada para los productos de la clase 32.

18      Por consiguiente, aun suponiéndola acreditada, la ilegalidad de la denegación de la suspensión no permitiría considerar viciada la resolución impugnada en cuanto ésta atañe a la oposición al registro de la marca solicitada para los productos de la clase 32. En consecuencia, el motivo debe desestimarse, en esa medida, por inoperante.

19      En cambio, procede examinar las diferentes partes del motivo en cuanto atañen a la decisión relativa a la oposición al registro de la marca solicitada para los servicios comprendidos en la clase 35. El Tribunal considera que es preciso examinar, en primer lugar, la cuarta parte del primer motivo en relación con los errores de hecho que afectan a la denegación de suspensión.

20      A este respecto, procede señalar que la regla 20, apartado 7, letra c), del Reglamento (CE) n.º 2868/95 de la Comisión, de 13 de diciembre de 1995, por el que se establecen normas de ejecución del Reglamento (CE) n.º 40/94 del Consejo sobre la marca comunitaria (DO 1995, L 303, p. 1), aplicable a los procedimientos ante la Sala de Recurso conforme a la regla 50, apartado 1, de dicho Reglamento, dispone que la EUIPO podrá suspender los procedimientos de oposición cuando se den circunstancias que justifiquen la suspensión.

21      Según la jurisprudencia, la Sala de Recurso dispone de una amplia facultad de apreciación para suspender o no el procedimiento de recurso. La suspensión es facultad de la Sala de Recurso, que la ejerce sólo cuando la considera justificada. Por tanto, el procedimiento ante la Sala de Recurso no se suspende automáticamente en respuesta a una petición en este sentido de una de las partes ante dicha Sala (sentencia de 25 de noviembre de 2014, KAISERHOFF, T‑556/12, no publicada, EU:T:2014:985, apartado 30).

22      El hecho de que la Sala de Recurso disponga de una amplia facultad de apreciación para suspender el procedimiento pendiente ante ella no significa que su apreciación no esté sujeta al control del juez de la Unión. No obstante, tal circunstancia limita dicho control sobre el fondo a la comprobación de que no existe error manifiesto de apreciación ni desviación de poder [sentencias de 25 de noviembre de 2014, KAISERHOFF, T‑556/12, no publicada, EU:T:2014:985, apartado 31, y de 21 de octubre de 2015, Petco Animal Supplies Stores/OAMI — Gutiérrez Ariza (PETCO), T‑664/13, EU:T:2015:791, apartado 32].

23      A este respecto, de la jurisprudencia resulta que, aun suponiendo que se haya demostrado que existía un recurso pendiente ante un órgano jurisdiccional nacional cuestionando la marca anterior en la que se basaba la resolución impugnada, dicha demostración no basta por sí misma para calificar de error manifiesto de apreciación la negativa de la Sala de Recurso a suspender el procedimiento. Efectivamente, al hacer uso de su facultad de apreciación en relación con la suspensión del procedimiento, la Sala de Recurso debe respetar los principios generales que rigen un procedimiento justo en una comunidad de Derecho. Así, al hacer uso de dicha facultad, no sólo debe tener en cuenta el interés de la parte cuya solicitud de marca de la Unión se impugna, sino también el de las demás partes. La decisión de suspender o no el procedimiento debe ser el resultado de la ponderación de los intereses en conflicto. (véase la sentencia de 25 de noviembre de 2014, KAISERHOFF, T‑556/12, no publicada, EU:T:2014:985, apartado 3 y jurisprudencia citada).

24      En el presente caso, del tenor de la resolución impugnada se desprende que la Sala de Recurso indicó que la División de Oposición había denegado la solicitud de suspensión porque la oposición se basaba en otras dos marcas anteriores de la Unión y en una marca española anterior que no eran objeto de impugnación a nivel nacional. Además, la Sala de Recurso consideró que ya no procedía suspender el procedimiento, por cuanto el Juzgado de lo Mercantil n.º 1 de Alicante había desestimado mediante sentencia firme la demanda reconvencional interpuesta por la recurrente, según alegaciones no rebatidas de la coadyuvante. Ésta había informado a la Sala de Recurso, en sus observaciones de 30 de mayo de 2014, de la existencia de esa sentencia, indicando que le comunicaría posteriormente la prueba de su firmeza.

25      Pues bien, aunque es cierto que, mediante una sentencia de 15 de mayo de 2014, el Juzgado de lo Mercantil n.º 1 de Alicante desestimó tanto la demanda de nulidad de la marca denominativa española BADTORO, registrada con el número 2782026, como la demanda reconvencional interpuesta por la recurrente, dicha sentencia fue recurrida en apelación, siendo confirmada por la Audiencia Provincial de Alicante mediante sentencia de 15 de enero de 2015, contra la cual ambas partes recurrieron en casación ante el Tribunal Supremo, procedimiento que seguía pendiente en la fecha de la resolución impugnada.

26      De ello resulta que la Sala de Recurso basó su decisión denegatoria de la solicitud de suspensión en el hecho de que la sentencia del Juzgado de lo Mercantil n.º 1 de Alicante era firme, pese a que había sido objeto de apelación.

27      Es cierto que, tal como aduce la EUIPO, habría sido conveniente que la recurrente, en la medida en que la solicitud de suspensión procedía de ella, la hubiera informado de la evolución del procedimiento nacional. Sin embargo, por lamentable que ello sea, el silencio de la recurrente al respecto no permite cuestionar la existencia del error de hecho que afecta a la denegación de la suspensión, ni atribuir a la recurrente una falta tal que pueda privarla de la posibilidad de invocar esa ilegalidad.

28      En estas circunstancias, la recurrente puede sostener fundadamente que la decisión de la Sala de Recurso de denegar la suspensión se basa en hechos erróneos.

29      No obstante, la EUIPO y la coadyuvante alegan que este error de hecho no vicia la resolución impugnada, puesto que no influyó en ella. Así, sostienen que, dado que la oposición se basaba igualmente en otras tres marcas no impugnadas en el marco de la demanda reconvencional, la resolución impugnada no se habría pronunciado en otro sentido si se hubiera estimado la demanda de nulidad de la marca de la Unión controvertida.

30      A este respecto, procede recordar que, por motivos de economía procesal, la Sala de Recurso únicamente apreció el riesgo de confusión entre los signos en conflicto que designaban los servicios de la clase 35 en relación con la marca denominativa anterior de la Unión n.º 1722362. Ahora bien, esta marca era objeto de una demanda reconvencional de nulidad, pendiente ante el Tribunal Supremo en la fecha de la resolución impugnada. Esta circunstancia justificaba que la Sala de Recurso ejerciera su facultad de apreciación ponderando los intereses en conflicto para decidir hacer uso o no de su facultad de suspender el procedimiento. Sin embargo, en la medida en que consideró erróneamente que la sentencia del Juzgado de lo Mercantil n.º 1 de Alicante había adquirido firmeza, no efectuó tal examen.

31      Por lo demás, cuando el Tribunal lleva a cabo un control de la legalidad de las resoluciones de los órganos de la EUIPO, no puede sustituir la motivación del órgano competente de la EUIPO, que es la autora del acto impugnado, por la suya propia [sentencia de 9 de septiembre de 2010, Axis/OAMI — Etra Investigación y Desarrollo (ETRAX), T‑70/08, EU:T:2010:375, apartado 29]. Así pues, no le cabe apreciar la existencia de un riesgo de confusión en relación con una marca que la EUIPO no ha tenido en cuenta.

32      En consecuencia, la circunstancia de que la oposición, respecto a los servicios de la clase 35, también se basara en la marca figurativa española anterior n.º 2919417 no permite dar por sentado, ante la falta de examen del riesgo de confusión en relación con esa marca en la resolución impugnada, que el error de hecho cometido por la Sala de Recurso careciese de incidencia concreta en esa resolución.

33      Por tanto, sin que sea necesario que el Tribunal se pronuncie sobre las demás partes del primer motivo y puesto que, tal como se ha indicado en el anterior apartado 14, el examen de la cuestión de la suspensión del procedimiento es previo al de la existencia de un riesgo de confusión entre la marca solicitada y la marca anterior, procede estimar el primer motivo y, por consiguiente, anular la resolución impugnada en relación con la marca solicitada en cuanto designa los servicios comprendidos en la clase 35.

 Sobre el segundo motivo, basado en la infracción del artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009

34      En apoyo de su recurso, la recurrente invoca un segundo motivo, basado en la infracción del artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009. Según ella, la Sala de Recurso erró al estimar que existía un riesgo de confusión entre los signos en conflicto. Habida cuenta de lo dictaminado en el anterior apartado 33, procede examinar el fundamento de este motivo únicamente en la medida en que se dirige contra la resolución impugnada en cuanto ésta se pronuncia sobre la oposición a la solicitud de registro del signo controvertido que designa productos de la clase 32.

 Observaciones preliminares

35      A tenor del artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009, mediando oposición del titular de una marca anterior, se denegará el registro de la marca cuando, por ser idéntica o similar a la marca anterior y por ser idénticos o similares los productos o servicios que ambas marcas designan, exista riesgo de confusión por parte del público en el territorio en que esté protegida la marca anterior; el riesgo de confusión incluye el riesgo de asociación con la marca anterior. Por otra parte, en virtud del artículo 8, apartado 2, letra a), inciso ii), del Reglamento n.º 207/2009, es preciso entender por marcas anteriores las marcas registradas en un Estado miembro cuya fecha de presentación de la solicitud sea anterior a la de la solicitud de marca de la Unión.

36      Según reiterada jurisprudencia, constituye un riesgo de confusión el hecho de que el público pueda creer que los productos o servicios en cuestión proceden de la misma empresa o de empresas vinculadas económicamente. Con arreglo a dicha jurisprudencia, el riesgo de confusión debe apreciarse globalmente, según la percepción que el público destinatario tenga de los signos y de los productos o servicios de que se trate y teniendo en cuenta todos los factores del supuesto concreto que sean pertinentes, en particular, la interdependencia entre la similitud de las marcas y la de los productos o los servicios designados. [véase la sentencia de 9 de julio de 2003, Laboratorios RTB/OAMI — Giorgio Beverly Hills (GIORGIO BEVERLY HILLS), T‑162/01, EU:T:2003:199, apartados 30 a 33 y jurisprudencia citada].

37      A efectos de la aplicación del artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009, el riesgo de confusión presupone a la vez una identidad o una similitud entre las marcas en conflicto y una identidad o una similitud entre los productos o servicios que designan. Se trata de requisitos acumulativos [véase la sentencia de 22 de enero de 2009, Commercy/OAMI — easyGroup IP Licensing (easyHotel), T‑316/07, EU:T:2009:14, apartado 42 y jurisprudencia citada].

38      Según la jurisprudencia, en el marco de la apreciación global del riesgo de confusión, debe tenerse en cuenta al consumidor medio de la categoría de productos considerada, normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz. Asimismo, debe tomarse en consideración el hecho de que el nivel de atención del consumidor medio puede variar en función de la categoría de productos o servicios contemplada [véase la sentencia de 13 de febrero de 2007, Mundipharma/OAMI — Altana Pharma (RESPICUR), T‑256/04, EU:T:2007:46, apartado 42 y jurisprudencia citada].

39      Por otra parte, cuando la protección de la marca anterior se extiende a la Unión Europea en su conjunto, es preciso tener en cuenta la percepción de las marcas en conflicto por parte del consumidor de los productos o servicios de que se trate en dicho territorio. No obstante, debe recordarse que, para denegar el registro de una marca de la Unión, basta que un motivo de denegación relativo en el sentido del artículo 8, apartado 1, letra b), exista en una parte de la Unión [véase, en este sentido, la sentencia de 14 de diciembre de 2006, Mast-Jägermeister/OAMI — Licorera Zacapaneca (VENADO con marco y otros), T‑81/03, T‑82/03 y T‑103/03, EU:T:2006:397, apartado 76 y jurisprudencia citada].

40      En el presente caso, por lo que se refiere a la definición del público destinatario, la Sala de Recurso estimó que los productos de la clase 32, tal como ésta se define en el apartado 3 de la presente sentencia, se dirigían al público en general. Dicha Sala indicó igualmente que las marcas anteriores eran marcas de la Unión. De ello dedujo acertadamente que la existencia de riesgo de confusión debía apreciarse teniendo en cuenta la percepción de los signos por parte de un consumidor medio de la Unión.

41      En cuanto a la comparación de los productos de la clase 32 designados por los signos en conflicto, las partes están de acuerdo en que son, o bien idénticos, o bien similares.

42      Procede examinar a la luz de estas consideraciones, atendiendo a la apreciación expuesta por la Sala de Recurso en la resolución impugnada, la argumentación de la recurrente basada en la infracción del artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009 en cuanto se refiere a la denegación del registro de la marca solicitada a efectos de designar productos de la clase 32.

 Sobre la comparación de los signos en conflicto

43      De la jurisprudencia se desprende que, por lo que se refiere a la similitud gráfica, fonética o conceptual de los signos en conflicto, la apreciación global del riesgo de confusión debe basarse en la impresión de conjunto producida por éstos, teniendo en cuenta, en particular, sus elementos distintivos y dominantes. La percepción de las marcas que tiene el consumidor medio de los productos o servicios de que se trate reviste una importancia determinante en la apreciación global de dicho riesgo. A este respecto, el consumidor medio normalmente percibe una marca como un todo, cuyos diferentes detalles no se detiene a examinar (véase la sentencia de 12 de junio de 2007, OAMI/Shaker, C‑334/05 P, EU:C:2007:333, apartado 35 y jurisprudencia citada).

44      Además, la apreciación de la similitud entre dos marcas no implica tomar en consideración únicamente un componente de una marca compuesta y compararlo con otra marca. Al contrario, tal comparación debe llevarse a cabo examinando las marcas en cuestión, consideradas cada una en su conjunto. Ello no excluye que la impresión de conjunto producida en la memoria del público pertinente por una marca compuesta pueda, en determinadas circunstancias, estar dominada por uno o varios de sus componentes (véase la sentencia de 12 de junio de 2007, OAMI/Shaker, C‑334/05 P, EU:C:2007:333, apartado 41 y jurisprudencia citada). Sólo en el caso de que todos los restantes componentes de la marca resulten insignificantes podrá la apreciación de la similitud basarse exclusivamente en el componente dominante. Tal podría ser el caso, en particular, cuando este componente puede dominar por sí solo la imagen de la marca que el público destinatario guarda en la memoria, de modo que el resto de los componentes de la marca son insignificantes dentro de la impresión de conjunto producida por ésta (véase, en este sentido, la sentencia de 20 de septiembre de 2007, Nestlé/OAMI, C‑193/06 P, no publicada, EU:C:2007:539, apartado 43).

45      En el presente caso, la Sala de Recurso estimó que existía una impresión global de similitud entre los signos en conflicto a causa de la coincidencia verbal y conceptual derivada de la presencia del término «toro», que, a su juicio, resultaba fácilmente reconocible dentro de la marca solicitada y que, en primer lugar, constituía el único elemento denominativo de la marca figurativa anterior de la Unión; en segundo lugar, presentaba un carácter distintivo, y, en tercer lugar, no ocupaba una posición secundaria en la marca solicitada. La Sala de Recurso consideró que la similitud quedaba reforzada debido a que el término «toro» ocupaba una posición distintiva y autónoma en la marca solicitada.

–       Sobre los elementos distintivos y dominantes de los signos en conflicto

46      En el presente caso, de los apartados 40, 41 y 52 de la resolución impugnada resulta que, según la Sala de Recurso, ninguno de los elementos que componen la marca solicitada domina la impresión visual de ésta, mientras que en la marca figurativa anterior de la Unión destaca el elemento denominativo «toro». Tal como se ha señalado en el anterior apartado 45, la Sala de Recurso consideró igualmente que el elemento denominativo «toro» ocupaba una posición distintiva y autónoma en la marca solicitada.

47      La recurrente reprocha a la Sala de Recurso haber procedido a un análisis comparativo fragmentado e inadecuado de los signos en conflicto, minusvalorando el elemento gráfico de la marca solicitada y desnaturalizando de este modo la «impresión de conjunto» de dicha marca. También sostiene, en esencia, que la Sala de Recurso aplicó erróneamente la jurisprudencia emanada de la sentencia de 6 de octubre de 2005, Medion (C‑120/04, EU:C:2005:594), de manera que no respetó el principio de comparación conforme a la impresión de conjunto, al apreciar el riesgo de confusión en función del elemento común «toro», pese a carecer éste de una posición distintiva y autónoma. A este respecto, invoca la sentencia de la Audiencia Provincial de Alicante de 15 de enero de 2015.

48      La EUIPO y la coadyuvante rebaten estas alegaciones.

49      En primer lugar, es preciso recordar que, si bien es cierto que, cuando una marca se compone de elementos denominativos y figurativos, los primeros son, en principio, más distintivos que los segundos, puesto que el consumidor medio se referirá a los productos en cuestión más fácilmente citando el nombre de la marca que describiendo el elemento figurativo de ésta, de ello no se sigue que los elementos denominativos de una marca siempre deban considerarse más distintivos que los elementos figurativos. En efecto, en el caso de una marca compuesta, el elemento figurativo puede ocupar un lugar equivalente al del elemento denominativo [sentencia de 6 de octubre de 2015, Monster Energy/OAMI — Balaguer (icexpresso + energy coffee), T‑61/14, no publicada, EU:T:2015:750, apartado 37]. Procede, pues, examinar las cualidades intrínsecas del elemento figurativo y las del elemento denominativo de la marca controvertida, así como sus posiciones respectivas, con objeto de identificar el componente dominante [véase, en este sentido, la sentencia de 16 de enero de 2008, Inter-Ikea/OAMI — Waibel (idea), T‑112/06, no publicada, EU:T:2008:10, apartado 49].

50      En el presente caso, el elemento figurativo de la marca solicitada es un dibujo de fantasía que representa a un toro de grandes cuernos y mirada enojada. A este respecto, en primer término, su tamaño dentro de la marca solicitada, preminente, supera significativamente al del elemento denominativo. En segundo término, el elemento figurativo está situado por encima del elemento denominativo. En tercer término, el toro representado es voluminoso, negro y particularmente original. En estas circunstancias, procede considerar que la fantasía y el tamaño del elemento figurativo permitirán atraer la atención del público destinatario, desviándola del elemento denominativo, situado por debajo. Por tanto, resulta fundada la alegación de la recurrente de que la Sala de Recurso se equivocó al estimar, en el apartado 40 de la resolución impugnada, que ninguno de los elementos combinados de la marca solicitada dominaba la impresión visual. En consecuencia, el elemento denominativo de la marca solicitada, incluido el término «toro», ocupa una posición secundaria en la marca solicitada.

51      No obstante, tal como señaló la Sala de Recurso en el apartado 40 de la resolución impugnada, el elemento denominativo se reproduce en letras mayúsculas. De este modo, pese al tamaño considerable del elemento figurativo, el elemento denominativo resulta claramente visible. En estas circunstancias, no puede considerarse que el carácter dominante del elemento figurativo de la marca solicitada haga que, en la impresión de conjunto de la marca, el elemento denominativo «badtoro» sea insignificante [véanse, por analogía, las sentencias de 8 de septiembre de 2010, Kido/OAMI — Amberes (SCORPIONEXO), T‑152/08, no publicada, EU:T:2010:357, apartado 66, y de 23 de abril de 2015, Iglotex/OAMI — Iglo Foods Group (IGLOTEX), T‑282/13, no publicada, EU:T:2015:226, apartados 53 y 54].

52      En segundo lugar, en cuanto atañe a la aplicación por parte de la Sala de Recurso de la sentencia de 6 de octubre de 2005, Medion (C‑120/04, EU:C:2005:594), es preciso recordar que, según la jurisprudencia emanada de dicha sentencia, incluso cuando no pueda considerarse que domina la impresión de conjunto, el elemento común de los signos en conflicto debe tenerse en cuenta en la apreciación de la similitud de éstos, en la medida en que constituye, por sí mismo, la marca anterior y conserva una posición distintiva y autónoma en la marca compuesta especialmente de dicho elemento y cuyo registro se solicita. En efecto, en el supuesto de que un elemento común conserve una posición distintiva y autónoma en el signo compuesto, la impresión de conjunto producida por dicho signo puede conducir al público a creer que los productos o servicios de que se trata proceden, al menos, de empresas vinculadas económicamente, en cuyo caso debe considerarse que existe un riesgo de confusión (sentencia de 22 de octubre de 2015, BGW, C‑20/14, EU:C:2015:714, apartado 38).

53      El examen de si existe o no una posición distintiva y autónoma de uno de los elementos de un signo compuesto tiene por objeto, pues, determinar cuáles de esos elementos serán percibidos por el público destinatario [véase la sentencia de 28 de enero de 2016, Novomatic/OAMI — Simba Toys (African SIMBA), T‑687/14, no publicada, EU:T:2016:37, apartado 135 y jurisprudencia citada].

54      A este respecto, el Tribunal de Justicia ha señalado que un elemento de un signo compuesto no conserva dicha posición distintiva y autónoma si tal elemento forma con otro u otros elementos del signo, tomados en su conjunto, una unidad con un sentido diferente respecto al sentido de los citados elementos tomados por separado (sentencia de 8 de mayo de 2014, Bimbo/OAMI, C‑591/12 P, EU:C:2014:305, apartado 25).

55      Cabe indicar igualmente que, si bien es cierto que el consumidor medio normalmente percibe una marca como un todo, cuyos diferentes detalles no se detiene a examinar, no lo es menos que, al percibir un signo denominativo, lo descompondrá en elementos denominativos que le sugieran un significado concreto o que se parezcan a palabras que conozca [véanse, en este sentido, las sentencias de 13 de febrero de 2007, RESPICUR, T‑256/04, EU:T:2007:46, apartado 57, y de 13 de febrero de 2008, Sanofi-Aventis/OAMI — GD Searle (ATURION), T‑146/06, no publicada, EU:T:2008:33, apartado 58].

56      En el presente caso, como indicó la Sala de Recurso en el apartado 44 de la resolución impugnada, el público de habla hispana, así como la parte del público de la Unión que comprende el significado de la palabra «toro», identificará dicho término dentro del elemento denominativo. Pues bien, ese término es el único elemento denominativo de la marca anterior invocada en oposición.

57      La recurrente sostiene que, contrariamente a lo que consideró la Sala de Recurso, el término «toro» no presenta una posición distintiva y autónoma en la marca solicitada.

58      A este respecto, procede señalar, primeramente, que, si bien la Sala de Recurso, en el apartado 54 de la resolución impugnada, consideró la aplicación de la jurisprudencia emanada de la sentencia de 6 de octubre de 2005, Medion (C‑120/04, EU:C:2005:594), en lo que atañe a la única marca anterior puramente denominativa, reproducida idénticamente en la marca solicitada, dicha Sala extendió dicha aplicación, en el apartado 55 de la resolución impugnada, a la marca figurativa anterior de la Unión, indicando que el término «toro» era el único elemento denominativo de ésta. Por tanto, la alegación de la recurrente basada en el error cometido por la Sala de Recurso en la aplicación de esta jurisprudencia es pertinente.

59      En cuanto al fundamento de esta alegación, en primer lugar, debe recordarse, por un lado, que un único elemento de la marca anterior, el elemento denominativo «toro», se incluye en la marca solicitada y, por otro lado, que el elemento denominativo de la marca solicitada ocupa, contrariamente a lo declarado por la Sala de Recurso, una posición secundaria en el signo.

60      En segundo lugar, procede señalar que el término «toro» se sitúa al final del signo y que viene precedido por el término «bad». Pues bien, el consumidor concede normalmente más importancia a la parte inicial de las palabras [véanse, en este sentido, las sentencias de 17 de marzo de 2004, El Corte Inglés/OAMI — González Cabello e Iberia Líneas Aéreas de España (MUNDICOR), T‑183/02 y T‑184/02, EU:T:2004:79, apartado 81, y de 16 de marzo 2005, L’Oréal/OAMI – Revlon (FLEXI AIR), T‑112/03, EU:T:2005:102, apartados 64 y 65].

61      En tercer lugar, la marca solicitada está constituida por un elemento denominativo único, es decir, el término «badtoro», creado por la yuxtaposición de los términos «bad» y «toro». El hecho de que no haya separación entre ambos términos refuerza la percepción unitaria del elemento denominativo, que, al menos para una parte del público de habla hispana y del público que comprenda el término «toro», se entenderá con el significado de «toro malo o avieso» [véase, por analogía, la sentencia de 29 de septiembre de 2011, Procter & Gamble Manufacturing Cologne/OAMI — Natura Cosméticos (NATURAVIVA), T‑107/10, no publicada, EU:T:2011:551, apartado 34]. En este sentido, el elemento denominativo remite precisamente a la representación de un toro de fantasía, que, habida cuenta de su predominancia dentro de la marca solicitada y de su singularidad, será probablemente el elemento que el público pertinente tenderá a reconocer y a conservar en la memoria, más que el animal en sí mismo. De ello se sigue que el elemento denominativo «badtoro» se apreciará de manera conjunta con el elemento figurativo, formando en su totalidad una unidad lógica alejada del animal mencionado y representado en la marca anterior.

62      En consecuencia, teniendo en cuenta que el consumidor percibe normalmente una marca como un todo cuyos diferentes detalles no se detiene a examinar, procede considerar que, en general, el consumidor no percibirá de manera autónoma ni recordará la palabra «toro» dentro de la marca solicitada, pues dicha palabra carece de un poder de atracción suficiente, y que, por tanto, el referido término no conserva una posición distintiva y autónoma dentro del signo solicitado [véase, por analogía, la sentencia de 24 de mayo de 2012, Grupo Osborne/OAMI — Industria Licorera Quezalteca (TORO XL), T‑169/10, no publicada, EU:T:2012:261, apartado 42]. Por consiguiente, resulta fundada la alegación de la recurrente de que la Sala de Recurso estimó erróneamente que el término «toro» ocupaba una posición distintiva y autónoma dentro de la marca solicitada.

63      La similitud entre los signos en conflicto ha de apreciarse a la luz de estas consideraciones.

–       Sobre la similitud visual

64      La recurrente sostiene que, contrariamente a lo declarado por la Sala de Recurso, los signos en conflicto carecen de similitud visual.

65      La EUIPO y la coadyuvante rebaten las alegaciones de la recurrente.

66      En el presente caso, la Sala de Recurso estimó, en el apartado 42 de la resolución impugnada, que, debido a la coincidencia del elemento denominativo «toro», los signos en conflicto guardaban cierto grado de similitud, aunque bajo, habida cuenta de la presencia, en la marca solicitada, del elemento «bad» y de la existencia de diferencias entre los elementos figurativos que componían dichos signos.

67      A este respecto, procede recordar que la Sala de Recurso partió de la premisa errónea de que el término «toro» no ocupaba una posición secundaria. En este contexto, dicha Sala otorgó particular relevancia a la coincidencia del término «toro» en los signos en conflicto, sin plantearse previamente si el público pertinente podría memorizar de manera autónoma el término «toro» dentro de la marca solicitada.

68      Ahora bien, aunque los signos en conflicto tienen en común el término «toro», presentan numerosas diferencias. Así, la marca anterior se compone de un elemento figurativo secundario y de un elemento denominativo dominante «toro», situado por debajo, que, en su conjunto, figuran sobre un fondo cuadrado de color oscuro, mientras que la marca solicitada presenta una estructura inversa, es decir, un elemento figurativo dominante y un elemento denominativo secundario «badtoro», situado por debajo, sin un fondo. Además, si bien ambos elementos figurativos representan un toro, son sustancialmente distintos. En efecto, la marca anterior de la Unión representa la silueta negra, clásica e íntegra de un toro, visto de perfil. Por el contrario, el elemento figurativo de la marca solicitada es un toro de fantasía, visto de frente, de color negro. Tiene tres patas, y cuernos y ojos prominentes de color blanco. Por último, los signos en conflicto difieren parcialmente en su elemento denominativo.

69      En estas circunstancias, el hecho de que la marca anterior y la marca solicitada incluyan el término «toro» no tiene más que una escasa incidencia en su comparación de conjunto, puesto que, tal como se ha declarado en el anterior apartado 62, dicho término no ocupa una posición distintiva y autónoma dentro de la marca solicitada, contrariamente a lo apreciado por la Sala de Recurso.

70      Así pues, en vista de las diferencias que acaban de detallarse entre los signos en conflicto y habida cuenta de la relevancia de sus elementos respectivos y de la falta de una posición distintiva y autónoma del término «toro», procede considerar que, en su conjunto, presentan un grado de similitud visual muy pequeño.

–       Sobre la similitud fonética

71      La recurrente sostiene que, habida cuenta de la presencia del término «bad», delante del término «toro», la Sala de Recurso erró al considerar que los signos en conflicto eran fonéticamente similares. Alega que éstos contienen un número de letras diferente, que su estructura conlleva una cadencia y una sucesión de sonidos diferentes y que el término «badtoro» tiene una consonancia ajena y novedosa para los consumidores españoles.

72      La EUIPO y la coadyuvante rebaten estas alegaciones.

73      A este respecto, procede señalar que los signos en conflicto se distinguen, desde un punto de vista fonético, por la sílaba adicional «bad», pero tienen en común las dos sílabas «to» y «ro». En este contexto, la sucesión de las letras «d» y «t», ajena al público español, no basta para evitar que la impresión fonética conjunta de los signos en conflicto presente, habida cuenta de la concordancia del término «toro», una relación de similitud de un grado medio, tal como acertadamente estimó la Sala de Recurso.

–       Sobre la similitud conceptual

74      En el plano conceptual, la recurrente reprocha a la Sala de Recurso no haber tenido en cuenta que, contrariamente a la marca anterior en la que el término «toro» hacía referencia al animal, la marca solicitada representaba una mascota que transmitía un mensaje de desafío y rebeldía, así como su nombre, constituido por el neologismo «badtoro». Según la recurrente, los términos «bad» y «toro» son, por tanto, indisociables.

75      La EUIPO y la coadyuvante rebaten las alegaciones de la recurrente.

76      Con carácter preliminar, ha de recordarse que, conforme a la jurisprudencia, una similitud conceptual deriva del hecho de que dos marcas utilicen imágenes que concuerdan en la idea representada [sentencias de 11 de noviembre de 1997, SABEL, C‑251/95, EU:C:1997:528, apartado 24, y de 21 de abril de 2010, Peek & Cloppenburg y van Graaf/OAMI — Queen Sirikit Institute of Sericulture (Thai Silk), T‑361/08, EU:T:2010:152, apartado 63].

77      En el presente caso, de la resolución impugnada se desprende que la Sala de Recurso se basó, principalmente, en la presencia del término «toro» en los signos en conflicto. En efecto, dicha Sala consideró que, por esa razón, tales signos eran en parte conceptualmente idénticos para el público que comprendiese el significado de la palabra «toro», independientemente de su comprensión o no del término «bad». A mayor abundamiento, la Sala de Recurso señaló que la marca solicitada coincidía también con la marca figurativa anterior de la Unión en el tipo de motivo gráfico que representaba un toro. Dicha Sala estimó, pues, que, para ese público, los signos en conflicto presentaban similitudes importantes. En cambio, la Sala de Recurso consideró que el público que no comprendiese el sentido de la palabra «toro» percibiría los signos en conflicto como no similares, incluso diferentes si comprendiese el significado de la palabra «bad».

78      Procede recordar, primeramente, que esas apreciaciones se basan en la premisa errónea del carácter no secundario del término «toro» en la marca solicitada. La circunstancia de que la Sala de Recurso considerase que, para el público que no comprendiese el término «toro», la marca solicitada y la marca española figurativa anterior serían percibidas como no similares pese a que ambas incluyen la representación de un toro pone de relieve la importancia particular otorgada a la coincidencia del término «toro» en los dos signos.

79      En el presente caso, tal como se ha indicado en el anterior apartado 56, el público español o el público que comprenda el significado de la palabra «toro» identificará el elemento denominativo de la marca solicitada en el sentido de que se compone, por un lado, del término o del grupo de letras «bad» y, por otro, del término «toro», es decir, la denominación exacta del animal en español. Así, este último término será percibido por dicho público como una referencia al animal mencionado y representado en la marca anterior, lo cual puede aproximar los signos en conflicto, desde un punto de vista conceptual.

80      No obstante, si bien de los signos en conflicto se desprende esa referencia común al concepto del toro, el toro representado en la marca solicitada se asemeja más, tal como alega la recurrente, a una mascota o a un personaje diferente del animal evocado en la marca anterior. Así, contrariamente a la silueta clásica de un toro representada en la marca anterior, el toro de la marca solicitada está humanizado, en particular, a causa de sus ojos, que, como aduce la recurrente, transmiten una actitud aviesa o de rebeldía. Además, el animal se representa de manera muy fantasiosa, con cuernos de tamaño desmesurado y sólo tres patas. En vista de la expresión del toro así representado, el elemento denominativo «badtoro» podrá percibirse como el nombre de ese personaje.

81      En estas circunstancias, procede estimar que, en su conjunto, el elemento figurativo y el elemento denominativo de la marca solicitada transmiten un concepto alejado del concepto clásico del toro en cuanto animal.

82      Por otro lado, en lo que atañe a la parte del público que no comprende el significado del término «toro», cabe considerar que el grado de similitud será menor, puesto que los signos en conflicto únicamente concuerdan, dentro de los límites ya expuestos, en el hecho de que contienen la representación de un toro, representación realista en un caso y de fantasía en el otro.

83      Por tanto, procede relativizar la similitud conceptual entre los signos en conflicto, que, a lo sumo, debe considerarse media, y no importante, como la Sala de Recurso estimó erróneamente.

84      De cuanto antecede resulta que la Sala de Recurso basó su análisis de la similitud entre los signos en conflicto en la apreciación errónea del carácter no dominante del elemento figurativo de la marca solicitada, sobrestimando la relevancia que tendría para el público la presencia del término «toro» en los dos signos. En este contexto, teniendo en cuenta que, por un lado, el elemento figurativo, por su predominancia y su singularidad, es el elemento que atraerá la atención del público pertinente y, por otro lado, que el término «toro» no conserva una posición distintiva y autónoma dentro de la marca solicitada, procede estimar que los signos en conflicto presentan un grado de similitud visual muy pequeño, un grado de similitud fonética medio y un cierto grado de similitud conceptual. En consecuencia, el grado de similitud global entre los signos de que se trata es pequeño [véase, por analogía, la sentencia de 17 de febrero de 2011, Annco/OAMI — Freche et fils (ANN TAYLOR LOFT), T‑385/09, EU:T:2011:49, apartado 38].

85      Por tanto, la Sala de Recurso incurrió en error al considerar que los signos en conflicto eran globalmente similares.

 Sobre el riesgo de confusión

86      Es preciso recordar que existe riesgo de confusión cuando, de forma acumulada, el grado de similitud de las marcas en conflicto y el grado de similitud de los productos o servicios designados por tales marcas son suficientemente elevados [sentencias de 23 de octubre de 2002, Matratzen Concord/OAMI — Hukla Germany (MATRATZEN), T‑6/01, EU:T:2002:261, apartado 45, y de 11 de enero de 2013, Kokomarina/OAMI — Euro Shoe Group (interdit de me gronder IDMG), T‑568/11, no publicada, EU:T:2013:5, apartado 48].

87      Procede recordar igualmente que, según la jurisprudencia, el consumidor medio de la categoría de productos considerada rara vez tiene la posibilidad de comparar directamente las marcas, sino que debe confiar en la imagen imperfecta que conserva en la memoria (sentencia de 22 de junio de 1999, Lloyd Schuhfabrik Meyer, C‑342/97, EU:C:1999:323, apartado 26).

88      La recurrente cuestiona las consideraciones de la Sala de Recurso en cuanto a la existencia de un riesgo de confusión. En particular, le reprocha haber apreciado incorrectamente el carácter distintivo de los signos en conflicto. Así, por un lado, aduce que la Sala de Recurso no reconoció el carácter distintivo atenuado de la marca anterior, pues el término «toro» hacía referencia al animal representado, en particular en España, donde el toro es un símbolo nacional, que no debería ser objeto de un derecho exclusivo conferido a un solo operador. Por otro lado, alega que la Sala de Recurso no tomó en consideración el elevado carácter distintivo de la marca solicitada, habida cuenta de su originalidad y del hecho, que puede considerarse notorio, de que tanto la representación gráfica como el nombre del personaje inventado por la recurrente eran objeto de una protección intelectual. La recurrente reprocha asimismo a la Sala de Recurso no haber tenido en cuenta los hábitos notorios de consumo del público destinatario. Por último, invoca las resoluciones dictadas por la Audiencia Provincial de Alicante el 15 de enero de 2015 y por el Tribunal Supremo el 18 de enero de 2017.

89      A este respecto, la Sala de Recurso consideró, en el apartado 72 de la resolución impugnada, que, en atención a la impresión global de similitud entre los signos en conflicto y a la identidad de los productos y servicios designados por dichos signos, y habida cuenta del principio de interdependencia de los factores del riesgo de confusión, concurría inevitablemente un riesgo de confusión, incluyendo el riesgo de asociación.

90      En este sentido, es preciso recordar que los productos y servicios de que se trata son, o bien idénticos, o bien similares, pero que, contrariamente a las apreciaciones de la Sala de Recurso, los signos en conflicto únicamente presentan un escaso grado de similitud global.

91      En el marco de una apreciación global de los signos en conflicto, las diferencias visual, fonética y conceptual que existen entre ellos, resultantes de la predominancia y del carácter de fantasía del toro representado y del término «bad», antepuesto al término «toro» en la marca solicitada, así como la unidad lógica derivada de los elementos denominativo y figurativo globalmente considerados, son suficientes para estimar que, ante dichos signos, el público pertinente no establecerá un vínculo entre ellos, puesto que ni el elemento figurativo dominante ni el elemento denominativo de la marca solicitada coinciden con cualquier otro elemento de la marca anterior. En estas circunstancias, a pesar de la identidad o de la similitud de los productos y servicios designados, es muy poco probable que éstos, dotados de la marca solicitada, sean percibidos por los consumidores como procedentes de la empresa titular de las marcas anteriores o de una empresa vinculada económicamente a ella [véase, en este sentido y por analogía, la sentencia de 18 de diciembre de 2008, Torres/OAMI — Bodegas Peñalba López (Torre Albéniz), T‑287/06, EU:T:2008:602, apartado 74].

92      En consecuencia, sin que sea necesario que el Tribunal se pronuncie sobre las demás alegaciones formuladas por la recurrente, procede estimar el motivo basado en que, al reconocer la existencia de un riesgo de confusión entre la marca figurativa anterior de la Unión y la marca solicitada para designar productos de la clase 32, la EUIPO infringió las disposiciones del artículo 8, apartado 1, letra b), del Reglamento n.º 207/2009, así como anular, en esa medida, la resolución impugnada.

93      De cuanto antecede resulta que procede anular la resolución impugnada en su totalidad.

 Costas

94      A tenor del artículo 134, apartado 1, del Reglamento de Procedimiento del Tribunal General, la parte que haya visto desestimadas sus pretensiones será condenada en costas, si así lo hubiera solicitado la otra parte.

95      En el presente caso, puesto que han sido desestimadas las pretensiones de la EUIPO y la recurrente no ha solicitado la condena en costas de la coadyuvante, procede condenar a la EUIPO a cargar con sus propias costas así como con las de la recurrente, conforme a las pretensiones de esta última.

96      Por lo demás, la coadyuvante, cuyas pretensiones han sido desestimadas, cargará con sus propias costas.

En virtud de todo lo expuesto,

EL TRIBUNAL GENERAL (Sala Séptima)

decide:

1)      Anular la resolución de la Segunda Sala de Recurso de la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) de 17 de abril de 2015 (asunto R 2570/20132).

2)      La EUIPO cargará con sus propias costas, así como con las de Jordi Nogues, S.L.

3)      Grupo Osborne, S.A., cargará con sus propias costas.

Van der Woude

Ulloa Rubio

Marcoulli

Pronunciada en audiencia pública en Luxemburgo, a 20 de septiembre de 2017.

El Secretario

 

      El Presidente

E. Coulon

 

      M. van der Woude


* Lengua de procedimiento: español.


1      La presente sentencia es objeto de una publicación por extractos.