SENTENCIA DEL TRIBUNAL DE PRIMERA INSTANCIA (Sala Segunda)

de 19 de noviembre de 2009 (*)

«Marca comunitaria – Procedimiento de nulidad – Marca comunitaria denominativa CANNABIS – Motivo de denegación absoluto – Carácter descriptivo – Artículo 7, apartado 1, letra c), y artículo 51, apartado 1, letra a), del Reglamento (CE) nº 40/94 [actualmente artículo 7, apartado 1, letra c), y artículo 52, apartado 1, letra a), del Reglamento (CE) nº 207/2009]»

En el asunto T‑234/06,

Giampietro Torresan, con domicilio en Rothenburg (Suiza), representado por el Sr. G. Recher, abogado,

parte demandante,

contra

Oficina de Armonización del Mercado Interior (Marcas, Dibujos y Modelos) (OAMI), representada por los Sres. P. Bullock y O. Montalto, en calidad de agentes,

parte demandada,

y en el que la otra parte en el procedimiento ante la Sala de Recurso de la OAMI, que actúa como parte coadyuvante ante el Tribunal de Primera Instancia, es:

Klosterbrauerei Weissenohe GmbH & Co. KG, con domicilio social en Weissenohe (Alemania), representada por el Sr. A. Masetti Zannini de Concina, la Sra. M. Bucarelli y el Sr. R. Cartella, abogados,

parte coadyuvante,

que tiene por objeto un recurso interpuesto contra la resolución de la Segunda Sala de Recurso de la OAMI de 29 de junio de 2006 (asunto R 517/2005‑2), relativa a un procedimiento de nulidad entre Klosterbrauerei Weissenohe GmbH & Co. KG y Giampietro Torresan,

EL TRIBUNAL DE PRIMERA INSTANCIA DE LAS COMUNIDADES EUROPEAS (Sala Segunda),

integrado por la Sra. I. Pelikánová, Presidenta, y la Sra. K. Jürimäe y el Sr. S. Soldevila Fragoso (Ponente), Jueces;

Secretario: Sr. J. Palacio González, administrador principal;

habiendo considerado el escrito de demanda presentado en la Secretaría del Tribunal de Primera Instancia el 4 de septiembre de 2006;

visto el escrito de contestación de la OAMI presentado en la Secretaría del Tribunal de Primera Instancia el 27 de noviembre de 2006;

habiendo considerado el escrito de la coadyuvante presentado en la Secretaría del Tribunal de Primera Instancia el 26 de enero de 2007;

vista la modificación de la composición de las Salas del Tribunal de Primera Instancia;

celebrada la vista el 5 de mayo de 2009;

dicta la siguiente

Sentencia

 Antecedentes del litigio

1        El 12 de febrero de 1999, el Sr. Giampietro Torresan, parte demandante, presentó una solicitud de registro de marca comunitaria en la Oficina de Armonización del Mercado Interior (Marcas, Dibujos y Modelos) (OAMI) con arreglo al Reglamento (CE) nº 40/94 del Consejo, de 20 de diciembre de 1993, sobre la marca comunitaria (DO 1994, L 11, p. 1) [sustituido por el Reglamento (CE) nº 207/2009 del Consejo, de 26 de febrero de 2009, sobre la marca comunitaria (DO L 78, p. 1)].

2        La marca cuyo registro se solicitó es el signo denominativo CANNABIS.

3        Los productos para los que se solicitó el registro de la marca pertenecen a las clases 32, 33 y 42 del Arreglo de Niza relativo a la Clasificación Internacional de Productos y Servicios para el Registro de las Marcas, de 15 de junio de 1957, en su versión revisada y modificada, y corresponden a la descripción siguiente:

–        «Cervezas», comprendidas en la clase 32;

–        «Vinos, alcoholes, licores, espumosos, vino espumoso, champagne», comprendidos en la clase 33;

–        «Servicios de restauración, restaurantes, restaurantes de autoservicio, cervecerías, heladerías, pizzerías», comprendidos en la clase 42.

4        El 16 de abril de 2003, la marca comunitaria CANNABIS fue registrada con el número 1.073.949.

5        El 27 de junio de 2003, la sociedad Klosterbrauerei Weissenohe GmbH & Co. KG, parte coadyuvante, solicitó la anulación de la marca CANNABIS con respecto a los productos comprendidos en las clases 32 y 33, en virtud del artículo 51, apartado 1, letra a), y del artículo 7, apartado 1, letras c), f) y g), del Reglamento nº 40/94 [actualmente artículo 52, apartado 1, letra a), y artículo 7, apartado 1, letras c), f) y g), del Reglamento nº 207/2009].

6        Mediante resolución de 9 de marzo de 2005, la División de Anulación de la OAMI anuló el registro de la marca comunitaria con respecto a los productos comprendidos en las clases 32 y 33 del Arreglo de Niza, al considerar que la marca CANNABIS tenía carácter descriptivo con arreglo al artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94.

7        El 29 de abril de 2005, el demandante interpuso recurso contra dicha resolución solicitando su anulación. Mediante resolución de 29 de junio de 2006 (en lo sucesivo, «resolución impugnada»), la Segunda Sala de Recurso de la OAMI desestimó el recurso. Entre otros motivos señaló, por un lado, que en el lenguaje corriente el término «cannabis» designa bien una planta textil, bien una sustancia estupefaciente y, por otro, que para el consumidor medio se trata de una indicación clara y directa de las características de los productos comprendidos en las clases 32 y 33.

 Pretensiones de las partes

8        El demandante solicita al Tribunal de Primera Instancia que:

–        Anule la resolución impugnada.

–        Confirme el registro de la marca comunitaria CANNABIS para las clases 32 y 33.

–        Condene en costas a la OAMI.

9        La OAMI y la coadyuvante solicitan al Tribunal de Primera Instancia que:

–        Desestime el recurso por infundado.

–        Condene en costas al demandante.

10      En la vista, el demandante declaró que renunciaba a su segunda pretensión, de lo que se dejó constancia en el acta de la vista.

 Fundamentos de Derecho

11      El demandante basa su recurso en un motivo único, relativo a la infracción del artículo 51, apartado 1, letra a), y del artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94. Por su parte, la coadyuvante invoca dos motivos, el primero de los cuales se refiere a la infracción del artículo 51, apartado 1, letra a), y del artículo 7, apartado 1, letra g), del Reglamento nº 40/94 y el segundo a la infracción del artículo 51, apartado 1, letra a), y del artículo 7, apartado 1, letra f), del mismo Reglamento.

 Alegaciones de las partes

12      El demandante alega que la marca CANNABIS tiene carácter distintivo, dado que se trata simultáneamente de un nombre común y de una marca de pura fantasía, sin vínculo alguno, siquiera indirecto, con la cerveza y las bebidas en general. Como nombre común, el término «cannabis» es el nombre científico de una planta floral, de la que se extraen determinadas drogas y a partir de la que pueden obtenerse sustancias terapéuticas. El signo CANNABIS está presente en el mercado italiano desde 1996 y se utiliza desde 1999 como marca comunitaria para productos comprendidos en las clases 32 y 33 del Arreglo de Niza. Ha adquirido notoriedad importante en el ámbito comunitario.

13      El demandante considera que el término «cannabis» no es el modo normal de designación de la cerveza o de las bebidas alcohólicas comprendidas en la clase 33. Por un lado, atendiendo a lo dispuesto en la Directiva 2000/13/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 20 de marzo de 2000, relativa a la aproximación de las legislaciones de los Estados miembros en materia de etiquetado, presentación y publicidad de los productos alimenticios (DO L 109, p. 29), y en la Directiva 88/388/CEE del Consejo, de 22 de junio de 1988, relativa a la aproximación de las legislaciones de los Estados miembros en el ámbito de los aromas que se utilizan en los productos alimenticios y de los materiales de base para su producción (DO L 184, p. 61), el cannabis no ha de considerarse un alimento, sino más bien un estupefaciente y sustancia psicotrópica, lo cual, según el demandante, excluye toda posibilidad de utilización lícita en el ámbito comunitario. Por otro lado, tal y como se deduce de las definiciones recogidas en diferentes diccionarios, la idea con la que comúnmente se relaciona este término es el estupefaciente obtenido a partir de la planta homónima.

14      El demandante señala asimismo que, en el presente caso, la cerveza CANNABIS es una cerveza aromatizada, compuesta únicamente por materias primas lícitas y autorizadas. Dada su condición de alimentos, la cerveza y, en general, las bebidas alcohólicas no pueden contener sustancias prohibidas, como es el caso de la droga. Por consiguiente, el público interesado no puede establecer inmediatamente y sin mayor reflexión una relación directa y concreta entre los productos para los que se registró la marca y el signo CANNABIS, tal y como se exige en reiterada jurisprudencia.

15      El demandante afirma que la marca CANNABIS no puede calificarse de marca descriptiva porque, en realidad, el signo CANNABIS es un término evocador, destinado a atraer la atención de los consumidores, que puede suscitar una idea de placer, evasión o relajación. Al ser un mensaje «paradójico» e «hiperbólico», al igual que en el caso de otras marcas como OPIUM o COCA‑COLA, todas estas marcas han de someterse al mismo baremo, por lo que la anulación de la marca comunitaria controvertida sobre la base de tales argumentos vulnera el principio general de igualdad de trato.

16      El demandante también se opone a la definición del consumidor medio establecida en la resolución impugnada, alegando que no se trata ni de un consumidor de estupefacientes que busca las mismas sensaciones que obtiene cuando consume cannabis ni de un «alcohólico habitual». El demandante considera que el consumidor medio es una persona a quien le gusta la cerveza y cuyo grado de inteligencia, diligencia y prudencia equivale al nivel medio del tipo de clientes a los que se destina el producto. Señala asimismo que procede plantearse si un consumidor perspicaz, cuando compra una bebida de la marca CANNABIS, piensa de inmediato que se trata realmente de cannabis. Pues bien, en este caso, el demandante considera que el consumidor medio controlará mediante la etiqueta los ingredientes que componen el producto. Por consiguiente, sólo un consumidor mal informado creerá que el término «cannabis» es una indicación clara y directa de la cualidad de los productos en cuestión.

17      Finalmente, el demandante señala que, en el presente caso, la marca controvertida no puede considerarse descriptiva porque, por un lado, no existe ningún vínculo directo y actual entre la marca y los productos comprendidos en las clases 32 y 33 del Arreglo de Niza y, por otro, no es legítimo considerar que, tal y como exige la jurisprudencia, dicho vínculo vaya a crearse razonablemente en el futuro. El hecho de que, en un futuro próximo, probablemente se levante la prohibición del uso de cannabis no es más que una opinión particular de la OAMI, por lo que no cabe considerar que responda a la exigencia de que, en el futuro, pueda razonablemente crearse un vínculo directo entre la marca CANNABIS y los productos en cuestión.

18      La OAMI y la coadyuvante se oponen a todas las alegaciones formuladas por el demandante.

 Apreciación del Tribunal de Primera Instancia

19      Con carácter preliminar, debe señalarse que, tal y como indica la Sala de Recurso en el punto 22 de la resolución impugnada, el término «cannabis» tiene tres posibles significados. En primer lugar, el término «cannabis» se refiere a una planta textil cuya organización común de mercado está regulada en el ámbito comunitario y cuya producción está sometida a una normativa muy estricta en cuanto a su contenido en tetrahidrocannabinol (THC), principio activo del cannabis, que no puede exceder del límite del 0,2 % [véase el artículo 5 bis del Reglamento (CE) nº 1251/1999 del Consejo, de 17 de mayo de 1999, por el que se establece un régimen de apoyo a los productores de determinados cultivos herbáceos (DO L 160, p. 1), en su versión modificada, así como el artículo 7 ter, apartado 1, y los anexos XII y XIII del Reglamento (CE) nº 2316/1999 de la Comisión, de 22 de octubre de 1999, que establece las disposiciones de aplicación del Reglamento nº 1251/1999 (DO L 280, p. 43), en su versión modificada por el Reglamento (CE) nº 206/2004 de la Comisión, de 5 de febrero de 2004 (DO L 34, p. 33)]. En segundo lugar, el término «cannabis» se refiere a una sustancia estupefaciente prohibida en un gran número de Estados miembros. En tercer lugar, dicho término designa una sustancia cuyo posible uso terapéutico se encuentra en proceso de discusión, como se deduce de la respuesta de la Comisión Europea a la pregunta escrita E-0039/02, de 23 de enero de 2002 (DO C 147 E, p. 232).

20      Seguidamente, procede señalar que, conforme a dos estudios científicos aportados por la OAMI, el cannabis, denominado igualmente «cáñamo», se utiliza en el ámbito de la alimentación en distintas formas (aceites, tisanas) y en diversos preparados (tés, pastas alimenticias, productos de panadería y de galletería, bebidas con o sin alcohol, etc.). Corrobora este extremo la documentación aportada por la coadyuvante, que confirma la utilización de cáñamo en la producción de determinados alimentos y bebidas. Los análisis toxicológicos de esos productos muestran una concentración muy baja en THC, claramente inferior al límite del 0,2 % anteriormente citado, por lo que carecen de efectos psicotrópicos.

21      Por último, contrariamente a las alegaciones del demandante, se deduce del artículo 4 de la Directiva 88/388 que está autorizado el uso de aromas que no contengan una cantidad toxicológicamente peligrosa de cualquier elemento o sustancia.

22      Las anteriores consideraciones permiten concluir, contrariamente a las alegaciones del demandante, en primer lugar, que el término «cannabis» no sólo se refiere a drogas y determinadas sustancias terapéuticas y, en segundo lugar, que el cáñamo se utiliza lícitamente en la producción de alimentos y bebidas. Por consiguiente, procede analizar a la luz de dichas consideraciones si la marca denominativa CANNABIS es descriptiva de los productos comprendidos en las clases 32 y 33 del Arreglo de Niza para los cuales se registró.

23      El artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94 prohíbe el registro como marca de los signos e indicaciones que puedan servir, en el comercio, para «designar la especie, la calidad, la cantidad, el destino, el valor, la procedencia geográfica o la época de producción del producto o de la prestación del servicio, u otras características del producto o del servicio». Tales signos descriptivos no son aptos para cumplir con la función de indicador de origen, inherente a las marcas [sentencia del Tribunal de Justicia de 23 de octubre de 2003, OAMI/Wrigley, C‑191/01 P, Rec. p. I‑12447, apartado 31; sentencias del Tribunal de Primera Instancia de 2 de abril de 2008, Eurocopter/OAMI (STEADYCONTROL), T‑181/07, no publicada en la Recopilación, apartado 35, y de 21 de enero de 2009, Hansgrohe/OAMI (AIRSHOWER), T‑307/07, no publicada en la Recopilación, apartado 22].

24      Desde esta perspectiva, los signos e indicaciones a que se refiere el artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94 son los que pueden servir, en el uso normal desde el punto de vista del público al que se dirigen, para designar, directamente o mediante la mención de una de sus características esenciales, el producto o el servicio para el que se solicita el registro [sentencias del Tribunal de Primera Instancia de 14 de junio de 2007, Europig/OAMI (EUROPIG), T‑207/06, Rec. p. II‑1961, apartado 26; de 21 de mayo de 2008, Enercon/OAMI (E), T‑329/06, no publicada en la Recopilación, apartado 21, y de 21 de enero de 2009, Korsch/OAMI (PharmaCheck), T‑296/07, no publicada en la Recopilación, apartado 30].

25      Según reiterada jurisprudencia, el signo será descriptivo en caso de que su relación con los productos o servicios de que se trate sea lo suficientemente directa y concreta como para permitir al público interesado percibir inmediatamente y sin mayor reflexión, una descripción de alguna de las características de estos productos y servicios (sentencias EUROPIG, antes citada, apartado 27, y STEADYCONTROL, antes citada, apartado 36).

26      Procede recordar igualmente que la apreciación del carácter descriptivo de un signo sólo puede efectuarse, por una parte, en relación con la forma en que lo percibe el público al que va destinado y, por otra, en relación con los productos o servicios correspondientes (sentencia STEADYCONTROL, antes citada, apartado 38, y sentencia E, antes citada, apartado 23). En efecto, el carácter descriptivo de una marca se aprecia en relación con los productos para los que ésta se registró y tomando en consideración la percepción que se presume en un consumidor medio de esta categoría de productos, normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz.

27      En el caso de autos, los productos de que se trata son la cerveza, el vino, los alcoholes, licores y espumosos, el vino espumoso y el champagne. Por lo tanto, el público pertinente es el consumidor medio de este tipo de productos.

28      Contrariamente a las alegaciones del demandante, en la resolución impugnada, la Sala de Recurso no identifica al consumidor medio como un consumidor de estupefacientes que busca las mismas sensaciones que obtiene cuando consume cannabis, ni como un «alcohólico habitual». La afirmación que figura al final del punto 27 de la resolución impugnada, relativa a la impresión que tendrán «quienes adquieran una cerveza» al ver la marca denominativa CANNABIS, se refiere al análisis del carácter descriptivo del signo en cuestión desde el punto de vista de un consumidor de cerveza y no a la definición del consumidor medio.

29      En este contexto, se trata de determinar si el consumidor medio, normalmente informado y razonablemente atento y perspicaz, al ver una bebida cuya marca sea el signo denominativo CANNABIS, sin ningún elemento complementario, consideraría que dicha marca es una descripción de las características de los productos en cuestión.

30      A este respecto, procede señalar que, tal y como se desprende de los puntos 27, 29 y 30 de la resolución impugnada, existe una relación material entre el signo CANNABIS y determinadas características de los citados productos. Como se deduce de la documentación aportada por la OAMI y la coadyuvante, el cannabis se utiliza de modo habitual en la elaboración de numerosos productos alimenticios, entre ellos la cerveza y determinadas bebidas. De la misma documentación resulta que actualmente se comercializan en el mercado alimentario europeo determinadas cervezas que contienen cannabis.

31      Por su parte, el término «cannabis» es un término científico latino, conocido, por un lado, en numerosos idiomas de la Comunidad Europea, como se desprende del punto 24 de la resolución impugnada y como el propio demandante puso de manifiesto en la demanda y, por otro, por el público en general debido a su mediatización, por lo que resulta comprensible para el consumidor destinatario en todo el territorio comunitario (véase en este sentido, por analogía, la sentencia del Tribunal de Justicia de 9 de marzo de 2006, Matratzen Concord, C‑421/04, Rec. p. I‑2303, apartado 32).

32      Estas circunstancias muestran que, ante una bebida alcohólica o una cerveza de la marca CANNABIS, el consumidor medio comunitario percibirá, inmediatamente y sin mayor reflexión, una descripción de las características de los productos en cuestión, concretamente del cannabis, que es uno de los ingredientes que pueden utilizarse como aroma en su elaboración.

33      Dicha característica no carece de interés para el consumidor medio. Como señaló la Sala de Recurso en el punto 27 de la resolución impugnada, «quienes adquieran una cerveza de la marca CANNABIS lo harán muy probablemente porque estén convencidos de que contiene cannabis y les atraiga la posibilidad de alcanzar con la bebida las mismas sensaciones que obtendrían consumiendo cannabis bajo otra presentación o, al menos, sensaciones similares». Por consiguiente, el hecho de que el cannabis sea uno de los ingredientes de la cerveza o bebida alcohólica constituye una característica que condiciona la decisión de compra de los consumidores y, por lo tanto, una característica esencial de los productos para los que se registró la marca que el público destinatario tiene en cuenta a la hora de efectuar su elección.

34      La alegación del demandante de que el signo CANNABIS es un término evocador, destinado a atraer la atención de los consumidores suscitando una idea de placer, evasión o relajación, no desvirtúa la impresión descriptiva que produce en ellos dicho signo. Para los consumidores, el signo denominativo CANNABIS, por sí mismo, constituye una indicación simple y directa de uno de los posibles ingredientes de los productos para los que se registró la marca. Por este motivo, el signo denominativo CANNABIS supera ampliamente el ámbito de la sugestión y se encuadra en el ámbito de la descripción. Así pues, dicho signo debe considerarse descriptivo y no sugestivo o alusivo [véase en este sentido la sentencia del Tribunal de Primera Instancia de 12 de enero de 2005, Deutsche Post EURO EXPRESS/OAMI (EUROPREMIUM), T‑334/03, Rec. p. II‑65, apartado 37].

35      Ha de recordarse asimismo que, según la jurisprudencia, no es necesario que los signos e indicaciones que forman la marca se utilicen efectivamente, en el momento del registro, con fines descriptivos de los productos o servicios para los que se registraron o de las características de tales productos o servicios. Como resulta del tenor literal del artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94, basta con que dichos signos e indicaciones puedan utilizarse con tales fines [sentencia OAMI/Wrigley, antes citada, apartado 32, y sentencia del Tribunal de Primera Instancia de 20 de noviembre de 2007, Tegometall International/OAMI – Wuppermann (TEK), T‑458/05, Rec. p. II‑4721, apartado 88].

36      En el presente caso, el simple término «cannabis» utilizado como marca podrá considerarse descriptivo si hace referencia, actual o potencialmente, a alguna de las características del producto, es decir, a alguno de los ingredientes que pueden utilizarse en la elaboración de las bebidas en cuestión. Según se desprende de la jurisprudencia, el término «cannabis» presentará potencialmente un vínculo con alguna de las características de los productos en cuestión si es razonable contar con que, en el futuro, pueda crearse tal vínculo [véanse, por analogía, las sentencias del Tribunal de Primera Instancia de 14 de junio de 2001, Telefon & Buch/OAMI (UNIVERSALTELEFONBUCH y UNIVERSALKOMMUNIKATIONSVERZEICHNIS), T‑357/99 y T‑358/99, Rec. p. II‑1705, apartados 29 y 30, y AIRSHOWER, antes citada, apartado 30]. Habida cuenta de que hoy en día ya existe en el mercado una oferta de bebidas que contienen cáñamo, procede constatar que el signo CANNABIS puede designar actualmente uno de los ingredientes utilizados en la elaboración de los productos para los que se registró la marca.

37      Por lo demás, debe señalarse que, según reiterada jurisprudencia, el hecho de que un término tenga varios significados no es relevante a efectos de determinar su carácter descriptivo. Así pues, contrariamente a las alegaciones del demandante, el hecho de que el término «cannabis» tenga hasta tres acepciones diferentes carece de incidencia en la determinación de su carácter descriptivo. Basta con que exista una relación directa y concreta entre uno solo de los significados y los productos en cuestión, como sucede en el presente caso, para que resulte aplicable el artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94 [sentencia del Tribunal de Justicia de 12 de febrero de 2004, Campina Melkunie, C‑265/00, Rec. p. I‑1699, apartado 38, y sentencia del Tribunal de Primera Instancia de 7 de junio de 2005, Münchener Rückversicherungs-Gesellschaft/OAMI (MunichFinancialServices), T‑316/03, Rec. p. II‑1951, apartado 33].

38      Del conjunto de consideraciones anteriores se desprende que el signo CANNABIS hace referencia a la planta de cannabis, la cual es bien conocida por el público debido a su mediatización y se utiliza en el proceso de elaboración de determinados alimentos y bebidas. Por consiguiente, el consumidor medio establecerá de manera inmediata y sin mayor reflexión un vínculo entre el signo controvertido y las características de los productos para los que se registró la marca, lo cual hace que el signo sea descriptivo.

39      Esta conclusión no se desvirtúa por las demás alegaciones formuladas por el demandante. En primer lugar, en lo relativo a la alegación de que debería aplicarse el mismo baremo a la marca CANNABIS que a determinadas otras marcas registradas, procede desestimarla por infundada. Sólo en la medida en que la relación entre el signo controvertido y los productos o servicios en cuestión fuera directa y concreta, el artículo 51, apartado 1, letra a), y el artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94 se opondrían a la validez de esas otras marcas y la alegación de tal relación podría dar lugar a su anulación [véase en este sentido la sentencia del Tribunal de Primera Instancia de 10 de octubre de 2006, PTV/OAMI (map&guide), T‑302/03, Rec. p. II‑4039, apartado 50].

40      En segundo lugar, en cuanto a la alegación del demandante de que, habida cuenta de la práctica de la OAMI en resoluciones anteriores, la Sala de Recurso ha vulnerado el principio general de igualdad de trato, procede desestimarla igualmente por infundada. La legalidad de las resoluciones de la Sala de Recurso debe apreciarse únicamente sobre la base del Reglamento nº 40/94 y no a partir de la práctica decisoria de la OAMI [sentencias del Tribunal de Primera Instancia de 21 de abril de 2004, Concept/OAMI (ECA), T‑127/02, Rec. p. II‑1113, apartado 71, y de 19 de mayo de 2009, Euro-Information/OAMI (CYBERCREDIT, CYBERGESTION, CYBERGUICHET, CYBERBOURSE y CYBERHOME), T‑211/06, T‑213/06, T‑245/06, T‑155/07 y T‑178/07, Rec. p. II‑0000, apartado 44]. Por otro lado, según reiterada jurisprudencia, el principio de igualdad de trato no puede alegarse en situación de ilegalidad, dado que nadie puede invocar en su provecho una ilegalidad cometida en favor de otro [sentencias del Tribunal de Primera Instancia de 27 de febrero de 2002, Streamserve/OAMI (STREAMSERVE), T‑106/00, Rec. p. II‑723, apartado 67, y de 30 de noviembre de 2006, Camper/OAMI – JC (BROTHERS by CAMPER), T‑43/05, no publicada en la Recopilación, apartados 93 a 95].

41      Finalmente, en tercer lugar, respecto a la afirmación del demandante relativa a la notoriedad de la marca CANNABIS, debe desestimarse por inoperante. Sobre este punto, ha de señalarse que, en el caso de autos, la notoriedad del signo carece de relevancia a efectos de determinar si éste es descriptivo. Conforme al artículo 7, apartado 3, del Reglamento nº 40/94 (actualmente artículo 7, apartado 3, del Reglamento nº 207/2009), sólo la posterior adquisición de un carácter distintivo como consecuencia del uso del signo controvertido evita la aplicación del artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94, lo cual no sucede en el presente caso.

42      Una vez constatada la relación descriptiva entre el signo controvertido y los productos en cuestión, procede examinar si tal marca contiene otros elementos que permitan considerarla distintiva (sentencia del Tribunal de Justicia de 20 de septiembre de 2001, Procter & Gamble/OAMI, C‑383/99 P, Rec. p. I‑6251, apartado 39). En este caso, como ya se ha señalado, se trata de una simple marca denominativa. Por consiguiente, no hay ningún otro elemento que acompañe a la marca CANNABIS y que permita cuestionar su carácter descriptivo.

43      Esta conclusión tampoco se desvirtúa mediante la alegación del demandante de que las cervezas y bebidas alcohólicas para las que se registró la marca controvertida no contienen ingredientes ilícitos. En realidad, dicha alegación constituye una paradoja en el razonamiento del demandante. Como indica la coadyuvante, o bien las bebidas en cuestión contienen o pueden contener cáñamo, en cuyo caso la marca CANNABIS sería descriptiva, o bien dichas bebidas no pueden contener cáñamo y, de hecho, no lo contienen, en cuyo caso la marca CANNABIS podría considerarse engañosa si diera lugar a un engaño efectivo o a un riesgo suficientemente grave de engaño al consumidor (véase en este sentido, por analogía, la sentencia del Tribunal de Justicia de 30 de marzo de 2006, Emanuel, C‑259/04, Rec. p. I‑3089, apartado 47). A este respecto, habría que probar que el consumidor podría verse inducido a creer que los productos para los que se registró la marca tienen una característica de la que en realidad carecen, teniendo, en este caso, en cuenta que éste podría siempre controlar en la etiqueta los ingredientes utilizados en la elaboración de dichas bebidas.

44      De lo anterior se desprende que la Sala de Recurso no infringió el artículo 7, apartado 1, letra c), del Reglamento nº 40/94 al desestimar el recurso interpuesto contra la resolución de la División de Anulación debido al carácter descriptivo de la marca CANNABIS.

45      Así pues, no procede estimar el motivo único alegado por el demandante.

46      Por consiguiente, procede desestimar el recurso, sin que sea necesario examinar los motivos alegados por la coadyuvante.

 Costas

47      A tenor del artículo 87, apartado 2, del Reglamento de Procedimiento del Tribunal de Primera Instancia, la parte que pierda el proceso será condenada en costas, si así lo hubiera solicitado la otra parte. Al haber sido desestimadas las pretensiones del demandante, procede condenarlo en costas, conforme a lo solicitado por la OAMI y la coadyuvante.

En virtud de todo lo expuesto,

EL TRIBUNAL DE PRIMERA INSTANCIA (Sala Segunda)

decide:

1)      Desestimar el recurso.

2)      Condenar en costas al Sr. Giampietro Torresan.

Pelikánová

Jürimäe

Soldevila Fragoso

Pronunciada en audiencia pública en Luxemburgo, a 19 de noviembre de 2009.

Firmas


* Lengua de procedimiento: italiano.